Camino de Santiago

Peregrinos pasando por la calle Mayor

Peregrinos pasando por la calle Mayor

Los Arcos, heredera de la antigua Curnonium, debe su desarrollo por un lado al fenómeno de las peregrinaciones a Santiago de Compostela, provocando un importante comercio y una corriente cultural principalmente venida de Francia a lo largo de la Edad Media, y por otro lado, el carácter nodal (encrucijada de caminos), favoreciendo el desarrollo económico de la Villa. Ambos factores perduran en nuestros días contribuyendo al desarrollo socio-económico de la misma.

Como pueblo-camino al igual que Puente La Reina, Estella o Viana en Los Arcos la Ruta Jacobea discurre a lo largo de su calle Mayor donde surgen los primeros edificios, hospederías, hospital de peregrinos, casas de comerciantes…

Así, Los Arcos es hito y final de etapa. Llegó a contar con tres hospitales de peregrinos: Santa María de Roitegui, Santa Brígida y San Lázaro. Este último acogió a los numerosos peregrinos enfermos, siendo en su mayoría de lepra. Dicha época coincide con la construcción de la Basílica de Santa María.

De la dirección oeste de Monjardín y Montejurra, el peregrino llega a Los Arcos. Lo primero que divisa es el “corral del santo” y sobre tramos de calzada romana pasa el “portillo de las cabras”, dejando a la derecha la ermita de San Vicente, lugar donde existió un palacio, tronco de muchos linajes navarros y una Iglesia, ambos del Medioveo.

En las inmediaciones de esta ermita, también conocida por las gentes del lugar, como iglesia de Yániz, hubo tres “menhires” que lamentablemente en el año 1.959 fueron demolidos. Estos menhires, popularmente conocidos como “piedras mormas”, encierran en torno a ellos una leyenda la cual explica como una madre estando espigando, ordenó a sus hijas acudir a misa de Yániz, y les conminó diciendo “Sí a misa de Yániz no vais, piedras mormas os volváis”. Hay historiadores que las denominan como piedras “normas” y no falta quien habla de “nornas” o diosas germánicas de la fatalidad.

En la Edad Media, en la Villa de Los Arcos, se tañía la campana del gallo colocada en el primitivo cimborrio de la parroquia de Santa María, según documento recuperado por Víctor Pastor Abaigar, ilustre historiador de la Villa, con el fin de orientar al peregrino que tiene dificultades para divisar el pueblo y parece que no va a llegar nunca, como ocurre en la actualidad, aunque el sendero se ha señalizado adecuadamente.

Cuando el peregrino entra en el pueblo, ya ve la ermita de San Sebastián la cual sirvió de capilla al aledaño hospital de peregrinos del siglo XIII, Santa María de Roitegui.

También existió un mesón con la misma apelación de Roitegui el cual se reformó en el siglo XVIII ya que se pensaba que por aquí pasaría el Camino Real Carretera Pamplona – Logroño.

Ya llega a la calle Mayor, un bonito paseo entre casas blasonadas, aleros de tejado con excelentes labores en madera. Paralelo a ésta vía principal avanza un cueto con pinar sobre el que se asentó el castillo uno de los emblemáticos de Navarra puesto que se encontraba muy cerca de la frontera con Castilla.

El peregrino abandona la Calle Mayor y pasando por la Plaza de la Fruta llega a la Plaza de Santa María, donde se sorprenderá por la magnificencia del templo bajo la misma advocación y que ya en la Edad Media fue uno de los mayores templos románicos del Camino de Santiago en Navarra el cual se erigió con categoría catedralicia y lo suficientemente grande para dar acogida a los numerosos peregrinos que por ésta tierra de siempre se dirigen a visitar la tumba del apóstol Santiago.

Se sale de la Plaza por el portal de Castilla, que fue en la Edad Media uno de los siete portales que cerraban la muralla de la Villa y que se reconstruyó bajo el reinado de Felipe V en 1739.

Tras atravesar un antiguo puente sobre el río Odrón, de sillería con los arcos rebajados sobre gran tajamar central, se llega al nuevo albergue de peregrinos que se inauguró en 1.996 con el nombre de Isaac Santiago, nombre con que se bautizó un peregrino que pasó Camino de Santiago y se quedó en Los Arcos siendo acogido en el hospital de Santa Brígida, actual centro de salud comarcal.

Ya al abandonar Los Arcos, se contempla la ermita de San Blas, antiguo lazareto de peregrinos con advocación de San Lázaro. Se encuentra a la izquierda del camino y conserva perfectamente el ábside románico, restos de sillería medieval y dos contrafuertes.